Agua que se va, nieve que falta: La paradoja de un Maule con agua, pero con sed futura
Las imágenes de los últimos días de julio son conocidas, pero no por ello menos desalentadoras: ríos crecidos, campos anegados y el sonido incesante de la lluvia golpeando los techos. A primera vista, ante semejante despliegue, más de alguien podría dar por sentada una temporada de riego sin contratiempos para nuestra región. Sin embargo, sabemos bien que no toda el agua que cae suma del mismo modo. Nuestra cuenca es nivo-pluvial. Esta distinción no es un mero tecnicismo académico, sino el corazón mismo de la economía de la zona: más del 70% de los caudales que se utilizan en la temporada de riego provienen de la nieve. La montaña funciona como nuestra gran «caja de ahorro», un embalse natural que conserva el agua en estado sólido para liberarla de forma gradual durante la primavera y el verano. El gran dilema de los sistemas frontales que nos han azotado a fines



